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Published on April 9th, 2012 | by admin

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7 claves esenciales para ser un verdadero innovador.

 

Las grandes ideas o los grandes inventos de la historia fueron muchas veces ignorados o despreciados antes de ser aceptados.

Una realidad que, inevitablemente, hace quelos inventores estén hechos de otra pasta, una con la que no les asusta el fracaso, con la que no tienen miedo a lo que puedan pensar los demás y con la que son capaces y están dispuestos a trabajar muy, muy duro.

Pero, ¿cómo son los inventores? The 99% ha decidido averiguar cuáles son los puntos en común de las mentes creativas más destacables del pasado y el presente y ha descubierto seis características que cualquier persona que busque la innovación tiene que desarrollar.

1. Producen y prueban más ideas
Los innovadores más rompedores son aquellos que más ideas generan y ejecutan. Thomas Edison probablemente sea el mejor ejemplo de esta premisa, con un récord de 1.093 patentes que todavía está por superar. Y es que la persistecia y la productividad eran la clave del funcionamiento del laboratorio de Edison: “Edison garantizaba la productividad dándose a sí mismo y a su equipo cuotas de ideas. Su propia cuota de invención era una invención menor cada diez días y un invento importante cada seis meses”, escribe el investigador Michael Michalko.

2. Utilizan las malas ideas
Los grandes inventores muchas veces utilizan pensamientos divergentes o equivocados para poder explorar todo el abanico de posibilidades para una solución, independientemente de lo absurdas o improbables que pudieran parecer. Los buenos inventores no están preocupados con encontrar la solución más lógica, ni aquella que se adapte a la “sabiduría convencional”.

3. Asumen el fracaso
Los verdaderos innovadores son prácticamente impermeables al fracaso. Ante aquellas situaciones en las que una persona cualquiera sentiría vergüenza por cometer un error, el inventor ve una oportunidad de aprendizaje. “Un aspecto esencial de la creatividad es no tener miedo al fracaso. Los científicos hicieron una gran invención al llamar a sus actividades hipótesis y experimentos. Hicieron permisible el fracaso repetitivo hasta que al final obtenían los resultados que querían. En política o el gobierno, si hacías una hipótesis y no funcionaba, te cortaban la cabeza”, explicaba el cofundador de Polaroid y propietario de más de 500 patentes Edwin Land.

4. Esbozan ideas
Incluso en la era digital, los innovadores siguen llenando papeles y papeles de garabatos. Alexander Graham Bell, el inventor del teléfono, era un dibujante empedernido y en sus cuadernos pueden verse los resultados del trabajo de un cerebro hiperactivo: hojas cubiertas de máquinas voladoras, dispositivos sonoros o paisajes.

5. Confían en su intuición
Einstein siempre afirmó que si no hubiera sido un físico habría sido músico. De hecho, su enfoque hacia el pensamiento creativo estaba mucho más asentado sobre la intuición y la imaginación que la lógica y las ecuaciones. “Cuando me examino a mí mismo y mis métodos de pensamiento, me acerco a la conclusión de que el don de la imaginación ha significado más para mí que cualquier talento para absorber conocimientos absolutos”, aseguraba Einstein a un amigo según Michele y Robert Root-Bernstein. Y añadía: “todos los grandes logros de la ciencia deben empezar por el conocimiento intuitivo. Creo en la intuición y la inspiración… a veces sé con seguridad que estoy en lo cierto aunque no sé la razón”. Y es que todavía no se ha olvidado la famosa cita del padre de la física moderna: “la imaginación es más importante que el conocimiento”.

 

 

 

 

6. Juguetean constantemente
A casi todos los inventores les encanta trastear y juguetear con todo lo que cae en sus manos. Necesitan entender cómo funcionan las cosas, para después mejorarlas. “Desde muy pequeño, Jobs se sentaba al lado de su padre arreglando coches”, escribía Andrea Kates en la biografía sobre Steve Jobs de Walter Isaacson. “Se pasó al mundo de la electrónica, con kits de ensámblelo usted mismo para hacer radios y otros dispositivos electrónicos que soldar. Estar en Silivon Valley le expuso a vecinos que trabajaban en hologramas, láseres y otras nuevas tecnologías y un profesor del instituto le introdujo en los transistores, las bobinas y las placas de circuitos.

7. Una curiosidad sin límites
El hombre del Renacimiento por excelencia, Leonardo Da Vincim, era ingeniero, matemático, arquitecto, pintor, escultor, cartógrafo, botánico y, por supuesto, inventor. Por eso no parece sorprendente afirmar que la fuerza detrás de la obra de Da Vinci está en su curiosidad insaciable. Si no, echa un vistazo a esta lista de “cosas que hacer” que recogió Robert Krulwich de Radiolab y que ilustró Wendy MacNaughton.

 

via.marketingdirecto.com

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